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Perdón


la cazas
asfixiando su cuello cisne
y le bebes la alegría
toda de un sorbo

aprisionándola hasta sumirla
como pez fuera del río

                      ni hombre ni animal

le desgarrás las medias de nylon
para robarle el mas dulce
de los secretos
dejándolo desparramado
en el cemento de la ciudad deshabitada

ahora te persigue un enorme celaje negro
y habrás de llevar eterno su perdón
                                               el de miles
                                                      el de ellas

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